La inteligencia es un
atributo que no me tocó. En serio, no es de humilde. Soy simpática, eso
sí, tengo don de gentes y le caigo bien a todo el mundo, soy graciosísima
también. Pero inteligencia, no, de eso nunca tuve.
Cuando me di cuenta de esto, me quise matar. Supuse que
nunca lograría nada, que estaba
destinada al fracaso total. Que mi vida nunca iba a tener un sentido trascendente. Y pensé
seriamente sobre el sentido de mi vida (poco tiempo, mantener la atención tampoco es mi fuerte)
Después, conocí un montón de gente inteligente. Pobres,
ellos sí pueden mantener la atención y son constantemente consientes de la
intrascendencia de sus vidas. Yo no, me olvido. Me distraigo con otra cosa.
Obvio que logré un montón de cosas. No por la falta de atención
(aunque ayudó) ni por la estupidez que
me constituye; sino por la tozudez, la
necedad y la falta total de lógica.
Estas características son mi impronta. Gracias a ellas, tengo todo.
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