Hay gente que la vida les queda
pintada. Se la ponen y ya, la viven. Son gente afortunada, digo yo.
A mí, la vida no me
entra, me chinga de todos lados: me tira de sisa y me sobra de ruedo. La
cintura es estrecha o los hombros se caen, el caderín me queda de canesú.
Siempre dándole unas puntadas antes de salir. Y ojo, nunca queda bien, se nota que está arreglada.
Me gustaría una vida de mi talle, sin pespuntes, sin pinzas.
Que me la ponga y ya, a vivirla.
