Mi casa es fácil de ubicar, es la de ladrillos a la vista.
Hay dos, la mía, es la que no tiene hombre.
Mi cocina siempre tuvo una lamparita colgando del techo.
Creí por mucho tiempo en la necesidad de
un hombre que pusiera un aplique. El
otro día decidí que lo podía hacer yo misma. Subí una escalerita muñida de
tijera, cinta aisladora, aplique y cable.
Cuando finalmente doy luz a la casa, mi cocina permaneció a
oscuras. Miré el aplique interrogativamente, pero ninguna respuesta hubo de su
parte. Toqué una y otra vez el interruptor,
y nada sucedió.
Finalmente, tomé el velador de mi cama, de la mesa de luz
del lado donde no hay hombre y lo llevé a la cocina. Ahora tengo luz en la
cocina.
Menos mal que no tengo hombre!!!
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